El froilander y el músico

Tuve un Land Rover. Quizás porque era el coche que mi padre quería tener. Y me gustó verle la cara el día que llegué con el cacharro a su casa. Se le puso un poquito de piedra.  Los fines de semana hacía escapadas a la montaña con dos amigos. A ella la conocí en un viaje a Egipto. Fue un viaje muy especial, el primero sin el innombrable (después vendrían muchos más, pero el primero fue bastante duro). Aún estaba convalesciente de mi pierna de titanio, pero recorrí varias pirámides (y algunas cosas más). Me llamaba jabiba. Y entre jabiba arriba, jabiba abajo nos hicimos amigas. Su mejor amigo se nos añadió y durante bastante tiempo hicimos un trío divertido. Los fines de semana buscábamos ruinas en el Montseny. No había más intención que pasar el día, quitar algunas zarzas, hacer cuatro fotos y localizar ruinas.  Luego nos íbamos a comer a algún sitio guais, que a veces no eran más que cuatro cervezas y unas bravas, pero nos reímos mucho. Los dos fumaban mucho. De todo.  Recuerdo una noche en Barna, escuchando Camela en el coche a todo trapo y fumando dentro (cuando aún se podía fumar). Y entonces pasó él. No lo reconocimos. Llevaba una sudadera con capucha y barba de tres días, que parecían siete. Se nos quedó mirando y sonriendo y le ofrecimos fumar con nosotros. Y se nos unió. Se subió al coche y estuvimos un buen rato charlando, riendo y fumando (más). Cuando cada uno se iba para su casa, a mí me iba de paso acercarlo a la suya. Me ofreció subir. “Au va, que tinc Corona!” me dijo. Habíamos estado hablando de la Corona y la Coronita y el porqué en España era el único lugar en el mundo en que la Corona era Coronita. Pude presumir de mi viaje a México, aunque luego me di cuenta que él podía presumir mucho más. Por la mañana bajó a comprar croissanes al bar de enfrente y desayunamos en un balcón minúsculo que olía a mar. Hablamos de muchas cosas. De la montaña, de Galicia, de perros, de la vida, de mi coche,  de la música (de los Ramones y de Manu Chao, sobretodo). Tenía una energía extraña, positiva pero con un fondo de tristeza, con ganas de comerse el mundo antes que se lo comiera a él. No lo volví a ver. Y no he pensado mucho más en él, hasta estos días extraños.

Eso que tú me das

CapturaLlevo varios días con esa última canción de Jarabe de Palo en la cabeza. Días antes que anunciasen su muerte me tropecé con el video y al principio no lo reconocí. Y aunque tengo que decir que a mí Jarabe de Palo nunca me ha emocionado especialmente, no sé porqué esa canción me ha enganchado, hasta el punto que he ido localizando otras canciones, menos famosas que la Flaca o el Depende.

Que la última canción de un músico te enganche te impregna de una extraña tristeza porque nunca voy a saber si hubiera habido otras más, tan geniales como esta.

Me niego a que la última imagen de Pau Donés que nos quede sea la de ese video, porque ya le faltaba un poquito la vida, y él siempre fue un tipo lleno de vida. Pero esos estribillos suyos se han quedado aquí para siempre, y los llevaremos en la memoria para no olvidarlo nunca.

Hasta siempre!

Los Rotring

RotringEn mi clase sólo había una chica que tuviese Rotring. Su padre era delineante y ella era la única que tenía Rotring. Yo no recuerdo qué llevaba yo (es curioso) para repasar las láminas de dibujo técnico en 1º de Bachillerato. Supongo que, como la mayoría, que usábamos Staedtler, la marca barata. Ni siquiera recuerdo si eran o no recargables, como los Rotring. Los Rotring eran recargables. Eran los Mercedes de los rotuladores. Yo quería unos, pero nunca me atreví a pedirlos en mi casa, porque intuía que económicamente las cosas no iban muy bien (no iban muy mal, pero no iban muy bien) y eran caros. Siguen siendo caros. Yo la envidiaba mucho, no sé porqué, por aquellos Rotring. Incluso ahora, que Maria empieza a utilizar rotuladores para repasar láminas de dibujo (qué poco ha cambiado la escuela, en realidad) pensé en regalarle unos, pero no me he atrevido a comprarlos. Creo que forma parte de ese extenso imaginario de cosas “prohibidas” , por algún extraño motivo.  De ella también recuerdo su nombre completo. En realidad recuerdo muy pocos nombres de los compañeros del instituto. Me parece que fue en otra vida. Se llamaba Cristina Carrasco. En COU salió con un tipo curioso, un chico de pelo muy rizado bastante más bajito que ella. Años más tarde me la encontré de camarera en una bar de Gracia, borrachísima y con pinta de estar muy de vuelta de todo. Me reconoció y me acabó dando mil abrazos como si hubiésimos sido amigas de toda la vida pero en realidad no lo habíamos sido. Para mí siempre fue la hija del delineante que tenía unos Rotring. Para ella yo creo que no fui ni eso. Pero de vez en cuando me viene a la cabeza. Especialmente cuando veo una caja de Rotrings.