El extraño ritual de preparar un viaje a Galicia con Arsuaga

Viajo a Galicia todos los veranos desde que tengo conciencia. Mi padre, de forma meticulosa, unos días antes del viaje se hacía una lista con todos los pueblos por los que pasaríamos durante la ruta escogida. Mi parte pragmática me dice que le hubieran bastado cinco o seis rutas y seguramente eso cubrirían todas las que habíamos hecho durante tantos años, así que sólo necesitaría hacer copias. Pero cada año aparecía un nuevo camino en la Guía Michelín que él solía comprar más o menos en marzo. Los escribía en una hoja cuadriculada, con letra gótica, esa letra de caligrafía que sólo los más antiguos saben hacer. Mi padre tiene una letra de seminarista, curtida con los años, una caligrafía clásica aprendida en los años escolares, con plumilla y tinta y seguro que muchos golpes con la regla. Mi madre solía encargarse de la comida. Yo no recuerdo verla en la cocina cocinando, pero por arte de magia durante el recorrido siempre encontrábamos algún trozo de yerba donde estirar una manta y de una bolsa salían una tortilla de patatas y filetes empanados.

Mis viajes son más pragmáticos y no suelo llevar comida (excepto si viene la tieta, que ejerce el papel de mi madre haciendo filetes y tortilla de patatas). Yo soy más de parar en algún sitio a comer, aunque sea una mierda y nos cueste un pastón (como suele pasar en las autopistas), pero es la excusa para descansar y desconectar del volante. Y que me sirvan, en vez de estar sirviendo yo. Las últimas experiencias han sido un fiasco: bocadillo de jamón (9,95€), hamburguesa con tomate y queso (12,25€) o unas patatas fritas (4,95€). Un horror, porque ni el tamaño, ni el sabor se corresponde con el precio…. así que aquí estoy, haciendo tortilla de patatas y filetes empanados. Más teniendo en cuenta que es de risa lo que me voy a ir encontrando: busco y rebusco a qué horas puedo encontrar un bar por el camino para tomar un café o desayunar, más o menos a la altura de Zaragoza…. ¿nos dejaran parar en Zaragoza?. Llevamos unas PCR negativas y un certificado autoresponsable…. certificado autoresponsable de desplazamiento de entrada y salida de Cataluña por la crisis sanitaria causada por la COVID-19 (aunque estamos en la cepa 20, y parece que entramos en breve en la 21….). Lo releo y me da la risa. Hay una opción: «Del 23 de diciembre al 6 de enero de 2021, ambos incluidos, desplazamientos de entrada y salida de Cataluña a lugares de residencia habitual de familiares o personas allegadas». Lo de personas allegadas no está claro. Tampoco tengo claro si podremos desayunar en Zaragoza, comer en Burgos o dormir en León, ni siquiera si podremos entrar en León, o si necesito también un certificado autoresponsable para cruzar la Península. O uno para cada comunidad que atraviese.

Estos días estoy leyendo a Arsuaga. Me gustaría hacerlo de un tirón, pero confieso que no puedo, como antes, quedarme hasta las tantas leyendo o pasar la tarde en un sillón…. tengo que buscar huecos entre hacer comidas, lavadoras, comprar y tomar decisiones… (que también necesitan su tiempo), así que a ratos me desconecto, pero confieso que el libro que han escrito él y Millás me está apasionando. La vida contada por un sapiens a un neandertal. Y descubro al sapiens paleontólogo en algún que otro escrito y en entrevistas y me fascinan sus reflexiones. Puedo subrayar y subscribir alguna de sus frases. A saber:

«A lo más que puedes aspirar en la vida, si no eres vasco es a ser celta»

«Hay muy pocos biólogos creyentes, pero los físicos y los matemáticos no dejan de preguntarse que hostias pasa. ¿Qué pasa para que funcione todo con la precisión de una máquina, con un lenguaje que se puede representar con ecuaciones muy simples?»

«La Historia tiene pautas, progresa de acuerdo con determinados patrones que se repiten. Mark Twain decía que la Historia no se repite, pero rima. Es un modo literario de decirlo».

Pero en realidad, casi cualquier cosa que leo de él, me hace esbozar una sonrisa. Como alguien que te saca al exterior una verdad absoluta que tú sentías en la piel pero no te atrevías a expresar con palabras. Qué fascinante pueden ser las palabras. (Y la tortilla de patatas)

Lo que tiembla

Leo en algún sitio «yo valoro lo que tiembla» (Efi Cubero) y me doy cuenta que yo también. Lo que tiembla tiene que ver con la emoción (de dar o recibir un regalo, de dar o recibir amor, de dar o recibir un abrazo a tus hijas, de dar o recibir una buena/mala noticia….). A pesar de mi formación, analítica y organizada, yo soy emocional y caótica. Así que muchas veces, más de las que me gustaría, tiemblo por dentro. Mi mente analítica me dice que evite el temblor. Pero las entrañas me rugen y me empujan a seguir sintiendo, porque, me digo, eso es la vida. Aunque en algún momento me falte el aire.

Breathe. Just breathe and take it easy.

Dos horas y diez minutos más tarde me encuentro en el cruce de Passeig Sant Joan con Casp. Mal aparcada, en una esquina imposible, un tipo me acerca un libro por la ventanilla. Cosas del Wallapop y de mi afición por acumular libros que luego no encuentro momento para leer. Pero pienso: «Llegará un tiempo, en que pueda sentarme junto a la ventana a leer….». Así que me hago con un ejemplar de Sapiens, en inglés (aunque es una gilipollez, porque fue escrito originalmente en hebreo) pero, me digo a mí misma y a Guillermo (que es el tío que me lo vende) que así practico, que tengo el inglés oxidado y me da mucha rabia ir perdiéndolo. Guillermo se lía (a pesar que estoy mal aparcada) y me hace una lista de apps, páginas web, recursos para aprender inglés… También me habla de otros libros de antropología, como Orígens, que él estudió alemán en la EOI cinco años y que su novia vive ahora en Austria. Todo así, en cinco minutos. Como si tuviese la necesidad de vomitarle al otro su vida entera. En otro momento, le hubiera dicho de irnos a tomar un café, porque lo veo tan solo, tan majo y con tantas ganas de conversación.. pero tengo ganas de llegar a casa y quitarme ese temblor interior.

Lloro bajito en el coche. Lo justo para volver a respirar. Yo era de grandes llantos, pero ya no. Winter is for lovers, dice la guitarra de Ben Harper. Creéte sólo la mitad. Porque el mundo es una gran mentira, y sólo los justos dicen la verdad. Aún me sorprende viajar por una ciudad en que todo el mundo va con mascarilla y pienso en la absurdidad de este momento de la historia y en los intereses escondidos de una vacuna universal. Sigo pensando que es más útil hacernos antes un test serológico y descartar esa persona para ponerle la vacuna, entre otras cosas porque es más barato y resulta innecesario gastar una vacuna en alguien que ya tiene los anticuerpos (¿no era esa la finalidad de las vacunas?).

Close your eyes. Put your head on my shoulder and sleep. Mañana me gustaría despertarme en London, o en Vancouver.
Close your eyes,
when you open them dear I’ll be near
by your side

De canciones y músicas

Estrellita me envía una versión de Jardin d’Hivern que fue una de nuestras músicas compartidas y descubiertas. Y entonces me vienen a la cabeza todas las músicas que nos descubrimos en aquel tiempo. Y también me viene al a cabeza aquel tiempo, así, sin música.

Años más tarde, descubrí con el poeta que podíamos compartir los espacios y las músicas de otra manera, enredándonos entre palabras. Y aún retumban nuestras voces en las esquinas de este espacio semiabandonado: Despacio y comunes. Él decía que las palabras me adoraban aunque yo siempre lo dudé.

No concibo la vida sin música. Podría recorrer el camino emocional en el tiempo según las músicas que me han acompañado. A mí me sirven últimamente para huir de la tristeza en que me instala la rutina, así que descubro que ahora escucho más música comercial y trivial, que también guardan algunas sorpresas. Desde pop ligero español, con grupos indies que comparto con mi hija mayor (me emociona especialmente sentir que tengo una hija pequeña, ahora ya oficialmente) a música latina más comercial, a canciones «bonitas» de cantautores actuales a pequeñas joyas del jazz.

Ecléctica, últimamente viajo con:

Otro grupo enorme son esos trocitos de series o películas, con música o danza incorporada que te transportan a la alegría. Me quedo con: (y quizás en este orden)