El almez

Desde la nueva casa se divisa el almez. Es EL almez y no UN almez porque no es un almez cualquiera (lledoner en catalán), y está catalogado como uno de los árboles centenarios de esta ciudad. Tiene seis ramas enormes de las que podrían colgar algún columpio sin duda, si no fuera por la fragilidad que representa su edad. Ahora está vallado (una valla discreta, de cuerda) y tiene una placa con su nombre.

En algún sitio he leído que tiene más de 100 años y siempre es bonito tomarse el café en una terraza contemplando un árbol centenario. Así que “take it easy”.

La vida es un regalo, me repito continuamente. Y cada día es una oportunidad (para crecer, para disfrutar). Y aunque una mudanza es un auténtico estrés, y más si no ha sido una decisión premeditada, creo que estoy disfrutando muchísimo de esta. Montando estanterías, decidiendo qué muebles colocamos y dónde con Maria, recibiendo regalos en forma de ayuda (tanto económica como manos que te cargan cajas).

Y parece una tontería, pero tener dos baños y una habitación para cada niña, y sobretodo un almez a la altura de los ojos para tomarte el café cada mañana (con cotorras de fondo), es para sentirte afortunada.

En eso estoy, en trabajar la abundancia, la prosperidad y el amor (también a mí misma).

Candela

Estos días pienso mucho en ti. Me pregunto dónde andas, sola y sin abrigo. Me pregunto en qué momento te perdiste en el limbo. Leo tus cartas, tus comentarios en mi blog o los míos en el tuyo. Recuerdo momentos de nuestra infancia y nuestra adolescencia. Aquel verano en Macarelleta. Aquellos veranos en Torremolinos.
Me despierto en medio de la noche y miro qué tiempo hace en Tarifa. Debe hacer aún frío para andar de noche, perdida.

Me viene a la cabeza ir a buscarte. A pesar del momento complicado en que estoy ahora, lo que me viene a la cabeza es ir a buscarte. Y tengo miedo que no me reconozcas, que no nos reconozcamos. Después de años en que cada una tuvimos vidas divergentes. Pero quiero cogerte de la mano y darte un abrazo. Besarte los ojos y decirte que voy a cuidarte..

Jamón y tensión

Estos días algunos amigos cumplen 50. Como los conozco del cole somos de la misma añada (salvo alguno que se coló del 70). En el grupo del whatsapp les recuerdo que estamos dándole la vuelta al jamón, que es una expresión que escuché en algún sitio haciendo referencia a cumplir 50. Igual no es fácil pillarlo, pero es algo así como que ya hemos vivido más de la mitad de nuestra vida (a pesar que hay quién cumple más de 100 años). Ahora ya queda menos tiempo. Alguna me recuerda que es la parte más sabrosa ¿Lo es realmente? La primera vez que monté un jamón en un jamonero lo hice al revés (no tenía ni idea y tampoco había visto muchos jamones en un jamonero en casa de mis padres, o no lo recordaba). Cuando alguien venía a casa me comentaban que estaba al revés y yo no entendía porqué. Con el tiempo (básicamente al darle la vuelta) te das cuenta que pierde estabilidad. Si primero acabas la parte “fina”, cuando le das la vuelta es más difícil de fijarlo y cortarlo sin que algo se desestabilice o se te mueva para todos lados el jamonero, el jamón y el cuchillo.

Pues debe ser algo así la vida.¿Los primeros 50 años deberían servir para darte estabilidad?. Lo establecido sería estudiar, conseguir un trabajo, una casa, casarte, tener hijos… Pero eso deben ser los demás. Yo inicio estos 50 con un traslado de casa, intuyendo que no será el último, porque estoy convencida que no es el definitivo; un planteamiento extraño sobre la gente que te acompaña en la vida, sobre la falsedad de las personas y contando con los dedos de una mano por quién darías la mano entera si hiciese falta. Aún ando buscando la familia espiritual, la tribu de verdad… Siento que me ahogan los comentarios absurdos de una ciudad pueblerina y no entiendo ciertas actitudes. Ando enormemente decepcionada con personas que pensaba eran amigos. Intento pasar desapercibida y a veces mejor esconderme. Tiro de la gente que sé que me quiere de verdad así que he recuperado los martes con Carlos, verme una vez al mes con Estrellita (sin ahogos), las conversaciones y las cartas con Lidi, cenar con Joselito y Carlos (el otro Carlos, tengo que decir a veces), reconocer que añoro las barbacoas en la Torreta, paseando por los bosques de Yolanda y Lluís con los amigos de toda la vida y tengo una cosita pendiente con alguien que quiero infinito, aunque ella no lo crea. Siento que los amigos de verdad están lejos, repartidos por el mundo. Y me jode. Mucho. Que no seamos más sinceros, más humanos, más cálidos, en general, los unos con los otros. Una crisis laboral, con unas opos que no quiero hacer en el horizonte y momentos en el curro que no me apasionan. Las conversaciones en el curro vienen a ser:

Lunes: ¿Qué tal? Bueno, de lunes

Martes: ¿Qué tal? Bueno, aún es martes, ya queda menos

Miércoles: ¿Qué tal?. Bueno, ya estamos en el ecuador de la semana, ánimo

Jueves: ¿Qué tal?: Bueno, ya queda menos

Viernes: ¿Qué tal?. Bien, al fin es viernes

Y cuál día de la marmota volver a empezar… A eso me refiero con las crisis. Y eso que he estado casi un mes de bajar por vértigos y tensión alta.

La tensión es otro gran tema estos días. Tengo la tensión disparada y supongo que también debe ser por la situación. Tomo olivo e intento calmarme por dentro. Pero ayer ni el ratito de piscina me sentó bien. Ando con mi tensiómetro a cuestas y me hace el seguimiento una enfermera del CAP que no tiene ni idea de mi vida. Sólo tengo ganas de descansar. Dejar las manos sobre el barro y diseñar tazas para tomar té. Reir. Beber mucho vino. Ver el mar. Despertarme en la playa, como aquellos años en Macarelleta. Lavarme los dientes con agua de mar. Leer sentada en un sillón junto a una chimenea, con Lau a los pies. Y tejer calcetines.