Los demonios vienen a verme

A veces los demonios vienen a verme. Intento no hacerles mucho caso, pero un run-run interior no me deja pensar con claridad. La cabeza se me llena de sueños incumplidos y siento que cada vez tengo menos tiempo y la vida se ha ido poniendo peor. Pero miro a mi alrededor, y no veo nada mejor. Y así es como ganan la partida.

Sólo veo mierda. Una sociedad de mierda, una ciudad de mierda, un trabajo de mierda, unas relaciones de mierda… una vida de mierda. Los demonios suelen ser unos capullos que no dejan títere con cabeza. No se salva nadie. Ni yo. El ego tirado por tierra. Y te sientes una auténtica mierda.

Entonces tiro de música, o de algun libro, o alguna película. Verdaderamente es lo que nos salva en esos momentos. Y no pensar mucho. Porque se me instalan proyectos en la cabeza y no me siento con fuerza para llevarlos adelante. Sé que septiembre es un buen momento, por eso de comenzar el curso, de hacer una lista. Los To Do para este curso, aunque luego se vayan posponiendo mes a mes. Porque este año intuyo que va a venir lleno de trabajo burocrático. Con un curso que no sé si tengo muchas ganas de hacer, con poco tiempo para otras cosas. Eso intuyo. Y cuando llevo ya varios años dándole la vuelta a las cosas (cambia de instituto, cambia de nivel educativo, cambia de materias…), pero ya no te quedan más vueltas que dar, igual lo que tienes que hacer es tirarlo todo y empezar un nuevo ovillo. Aunque no está la vida fácil para hacerse artesana a estas alturas, siento que es necesario, más que nunca, esa slow life que ansiamos.

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