Cosas por las que vivir (y no morir en el intento)

Cuando a algún amigo le comento que yo ya siento que he hecho todo lo que tenía que hacer, se llevan las manos a la cabeza. No lo digo como una crisis, ni porque sienta que el suicidio es salida de nada. Lo digo con el convencimiento y la satisfacción de alguien que siente que la vida ha cumplido ya todas las expectativas. Hay una cierta tristeza también, porque a partir de ahora todo tengo que inventármelo (si es que no ha sido siempre así). Pero siento que ya he viajo mucho, he conocido mucha gente, he estudiado lo que quería estudiar, he tenido muchos trabajos, he plantado muchos árboles, he escrito mucho, tengo dos hijas mágicas de dos maternidades muy diferentes, he follado mucho (y diverso), he cumplido muchos desafíos (desde pilotar un avión, caminar por la muralla china o despegar en parapente), he hecho (y tengo) grandes amigos, he vivido fuera, he tenido varias casas, he podido cuidar de los míos (y estoy en ello)… ¿Qué más podemos pedir?. Así que cada día me levanto con el convencimiento de que si desaparezco no pasará nada (aunque tengo que hacer crecer un poquito más a las pipiolas, y conseguir que sean autónomas y independientes… la felicidad será ya cosa de ellas). Aún así, necesito marcarme nuevos objetivos, siento que cada vez más pequeños. Esas cositas que aparecen en mi cabeza y me dan «vidilla». Aunque sea acabar los calcetines que empecé para Lidi, o reactivar el viaje pendiente en autocaravana, o mejorar mis piezas de cerámica. Y luego están esos grandes proyectos, que son los que sí me desaniman, porque no sé si tengo tiempo. Vivir en London, Tener una casa junto al mar, Trabajar desde casa, Encontrar una pareja («normal»), Estudiar una segunda carrera (Bellas Artes o Arquitectura), Ser familia numerosa… Ahora mismo, desde el abismo que supone haber cumplido los cincuenta, todo esto me parece inviable. Aunque puedo dar pequeños pasos (y lo hago). Por ejemplo, me he matriculado en la UOC en el Grado de Arte (aunque sólo de una asignatura que la estoy haciendo a trompicones :-)). O pienso en sacarme el título de ELE, que me permita dar clases online de español para extranjeros e intentar hacer media jornada para poder teletrabajar, o miro constantemente las plataformas de venta/alquiles de viviendas buscando el milagro de una casa mirando al mar que no sea una utopía. Pero me invade la tristeza cuando siento que la mayoría de esos «grandes proyectos» tienen limitaciones puramente económicas. Porque sí, también necesito tiempo, pero desgraciadamente hoy el tiempo también se compra (si tienes más dinero y no tienes que trabajar, podrías dedicarte a estudiar Arquitectura, por ejemplo). Sea como sea, estos grandes proyectos que se concretan en cosas diminutas, son las que ahora mismo me permiten tirar «palante», con cierto convencimiento de ir disfrutando por el camino, y que, aunque no entregue la PAC a tiempo o incluso suspenda el crédito, estoy disfrutando de los lápices y las tintas dibujando, que aunque nunca vuelva a London, estoy disfrutando imaginando cómo sería vivir en Barbican Estate al menos un par de años, que aunque nunca seamos cuatro, estoy disfrutando pensando en cómo sería la vida con un enano correteando por casa… y así con todo.

Así que disfrutemos el camino.